DON LÁPIZ (Yolanda Díaz)
Había una vez un lápiz afilado y respondón
que en todo lo que escribía quería tener razón.
Era de buena madera, elegante y distinguido,
era sin duda un buen lápiz
pero algo presumido.
Había una goma rosada
de esas que tiene olor
paciente, trabajadora
¡Borraba que era un primor!
Esperaba muy atenta
en la esquina de la mesa
dispuesta siempre a enmendar
los errores que a Don Lápiz
pudiéransele escapar.
Seguro de su eficacia a menudo le advertía:
¡No borres lo que yo escribo!
sé mucho de ortografía.
Y luego le suplicaba:
¡No me borres por favor!
Te escribiré mil piropos
y palabritas de amor.
Cansada de su arrogancia
la goma le contestaba:
Tú escríbeme lo que quieras
pero procura entender
que si no está bien escrito,
seguro lo borraré.
Don Lápiz enamorado, escribió cosas bonitas
y las escribió tan bien,
que la goma deslumbrada
cayó rendida a sus pies.
Mon Amour, goma rosada,
no te enfades tú conmigo
que tu olor me ha vuelto loco
y ya no sé lo que escribo.