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SEGUIDILLAS DEL SALINERO
(Víctor Fernández Gopar “El Salinero”)
Me vienen varias cosas al pensamiento
que nos las examina mi entendimiento.
La noche que me acuesto con poco abrigo
siempre sueño cositas del enemigo.
Creo que si me duermo sin persignarme
tal vez el enemigo venga a tantarme.
Si no es porque la sangre en circulación
pasa por la cabeza a borbotón.
O porque el pensamiento durmiendo gira
y forma el argumento de la mentira.
Anoche soñé un sueño profundamente
y soñé al mismo tiempo que el sueño miente.
Y así se enseña que no debe creerse
que no debe creerse lo que se sueña.
Aunque quiero guiarme por el ensueño
veo cosas iguales a lo que sueño.
Soñé que un majorero de las Casillas
cantaba muy tronero las seguidillas.
Cantares que cantaba se me quedaron
en la memoria y otros se me olvidaron.
Los que se me quedaron son los siguientes
que para seguidillas son aparentes.
Sesenta años tengo cumplidos hoy
y no me he conocido ni sé quién soy.
Habrá quien me conozca solo con verme
pero yo estoy muy lejos de conocerme.
Podrán estar ocultos mis sentimientos
porque no se adivinan los pensamientos.
Si del mundo buscares algo de bueno
todo lo que encontrares cabe en el seno.
Envuélvelo en un paño de los más finos
porque volverse pueden como los vinos.
Que aunque vivimos todos con la esperanza
yo soy uno que tengo la desconfianza.
Que si acaso he creído en ser perfecto
también habré tenido algún defecto.
Soy uno de los hombres que mucho piensan
y pienso algunas cosas que dan vergüenza.
La vergüenza parece bien de fortuna
que algunos tienen mucha y otros ninguna.
Yo poco entiendo, yo poco entiendo
pero hay algunas cosas no comprendo.

Víctor Fernández Gopar “El Salinero” fue un poeta español, nacido en Las Breñas (Lanzarote) en 1844 y fallecido en Yaiza (Lanzarote) en 1920.
De niño, durante sus ocupaciones como pastor, decide aprender a leer y escribir solicitándoselo al párroco del pueblo de Femés y al vecino Juan Estévez ya que el sur de la isla de Lanzarote carecía de escuelas. Es contratado por Pedro Cerdeña en 1895 para trabajar en la construcción de las Salinas de Janubio.
Posteriormente será maestro salinero y encargado de las citadas salinas, profesión que dará origen a su apodo “El Salinero”. Aunque él nunca se consideró poeta, sus coplas fueron muy populares y se cantaban en parrandas y ventorrillos.
Sus composiciones poéticas están cargadas de franqueza satírica y critican la injusticia social propia de su tiempo que él mismo sufrió. Sus coplas son sencillas y sin dobleces, improvisando letras de isas, malagueñas y folías.
En 1977 se publica el libro Coplas de Víctor Fernández, composiciones de “El Salinero”.
La obra de Víctor Fernández fue reconocida por los Sabandeños en 1977 en su disco Las Seguidillas del Salinero.
En 1990 el folcrorista Antonio Corujo le dedicó un libro titulado: Un hombre, una isla, un mundo.
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