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BUENOS DÍAS…a todos mis alumnos (Pedro Fuertes)
Buenos días… y la noche se deshace en la mañana
y escribe muchos nombres –como siglos-
al aire adivinado de la calle.
Buenos días… y la vida empieza y se dibuja,
nerviosa y transparente, en la hoja en blanco del instante.
Buenos días… y son las ocho por el reloj del corazón, ¡qué pasión!
Buenos días… y la luz de la esperanza –prodigio de ola en ola-
tropieza el humo con los ojos y conjuga en presente
los verbos contagiados de temblor.
Buenos días… y el nombre sucesivo y confiado
se esconde en la estatura del silencio.
Buenos días… y el mundo entero cabe en un clamor:
¡Qué llanto la ortografía!
Son las ocho –y de mañana- en el reloj del corazón
¡qué pasión! La hoja en blanco se despierta
con sílabas a su alrededor…
Buenos días… y son las ocho…
Así escribimos todos pulso a pulso,
en el viento y en sol
la verdad impaciente del reloj,
la verdad infinita del amor…
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Pedro Fuertes Combarros, Misionero Claretiano, Nació en Barrientos de la Vega (Astorga, León) en 1932. Estudió el Bachillerato de Humanidades en los colegios claretianos de Sigüenza (Guadalajara) y Jerez de los Caballeros (Badajoz).
Mientras cursa segundo curso de Bachillerato, Pedro descubre su vocación por la enseñanza, el sueño de su padre, y por el sacerdocio. Él nos lo recordaba a menudo “tenía trece años y yo iba para maestro. Se presentó un cura claretiano en la clase de religión y nos habló de un misionero claretiano que evangelizaba y educaba. Eso me impresionó y me dije: yo quiero ser uno de esos”.
Durante esos años de bachillerato descubre el mundo de la literatura, de la que se apasiona, y escribirá sus primeros poemas lo que le ayudó a crear ese íntimo ambiente personal y espiritual que siempre le acompañó y nunca dejó de agradecer a Dios.
Estudió Teología y Filosofía en Zafra (Badajoz) y Roma. Realizó las licenciaturas de Teología en dicha ciudad italiana y Periodismo en Madrid en la que también cursó un Máster en Ciencias de la Información.
Mientras estudiaba Periodismo, ejerció de cronista de deportes y de cultura. En ese periodo se gesta su gran afición al deporte que, posteriormente, compartiría con otros hermanos de congregación como los recordados Padre Domínguez y Padre Mariano.
Escribir sobre temas culturales le permitió conocer a muchas personalidades de aquellos años sesenta que le enriquecieron notablemente, y entre los que podemos destacar a Xavier Zubiri, Laín Entralgo, Aranguren, Eugenio d´Ors, Gerardo Diego, Julián Marías, Dionisio Ridruejo, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero, Luis Rosales, José María Valverde, el Cardenal Tarancón, Antonio Tovar, Cela, Carmen Laforet, etc.
Tras ejercer la docencia de Lengua y Literatura en los colegios claretianos de Don Benito (Badajoz) -dos años- y de Sevilla -seis años-, sería destinado al Corazón de María de Las Palmas de Gran Canaria para suplir al profesor de lengua y literatura.
Llegó a esta ciudad a las ocho de la mañana del 4 de octubre de 1966, habiendo realizado la travesía a bordo del “Plus Ultra”. En nuestra tierra comenzó “casi todo” como nos decía a menudo: «esta isla supuso una iluminación, un verdadero hallazgo humano y espiritual. Me alucinó el paisaje, y el espíritu abierto y cariñoso de su gente me caló poderosamente». Con su entrañable sentido del humor, llegó a confesar que “los canarios me han domesticado”.
Ese mismo día, a las diez de la mañana, impartió su primera clase en el colegio Corazón de María sobre el poema titulado “Canto a las criaturas” de San Francisco de Asís, una preciosa alabanza a Dios cuyos últimos versos constituirán un magnífico manifiesto de lo que caracterizara´ la vida y obra del Padre Pedro Fuertes:
“Load y bendecid a mi Señor, y dadle gracias y servidle con gran humildad”
El Padre Pedro fue profesor, educador, filósofo, periodista, poeta…, pero sobre todo un Hijo del Corazón de María.
Un misionero claretiano que, a pesar de su vasta formación, siempre se caracterizó por su humildad y bonhomía, así como por un corazón de niño -travieso, a menudo- que supo poner en práctica lo que Mateo anuncia en su Evangelio "Les aseguro que si ustedes no se vuelven como niños, no entrarán en el reino de los cielos. El más importante en el reino de los cielos es el que se humilla y se vuelve como este niño" (18, 3 y 5)
En el Colegio del Corazón de María, en la actualidad San Antonio Mª Claret, durante muchos años impartió la lección magistral de comienzo de curso, que terminaría consolidándose como uno de los momentos imborrables para miles de alumnos que fueron pasando por sus aulas.
Durante esos años -cuarenta y cuatro-, además de impartir sus clases mayormente en PREU (posteriormente COU y 2º de Bachillerato), fue tutor de esos trascendentales cursos en la vida de los futuros universitarios. Desempeñaba esa tarea con enorme rigor, siendo tremendamente valorado por la ayuda dispensada a sus alumnos con sus ponderados consejos. Le recordamos su enorme capacidad para en medio de cualquier conversación, entre los pasillos de las aulas, intercalar algún verso de ilustres poetas que servían para reforzar las palabras del Padre Pedro.
Durante muchos años fue el representante del Colegio Claret en las Pruebas de Selectividad (PAU, EBAU), siendo su presencia muy celebrada por sus propios alumnos y por los profesores del mundo universitario. Con éstos y otros compañeros de su Colegio Claret, y mientras compartía almuerzo en el que no podían faltar sus añoradas migas, comentaba los resultados obtenidos por sus alumnos en las diferentes asignaturas. Se sentía feliz cuando las calificaciones reflejaban el trabajo realizado durante el curso.
Además de su labor docente, participó activamente en las tareas parroquiales de su congregación -Corazón de María- y en la de Nuestra Señora de Fátima en Pedro Hidalgo. En este barrio estuvo ocho años, en los que siguió ejerciendo su magisterio acudiendo todas las tardes al CP Menéndez Pidal donde impartía clases de gramática a los alumnos de octavo de EGB.
Entre los habitantes del barrio encontró esa sencillez y hospitalidad que tanto amaba; Pedro Fuertes, al igual que su venerado San Antonio María Claret (El Padrito) nunca se sintió en soledad, y junto a su palabra se volcó en amarlos y animarlos. De ahí la mutua atracción que experimentó en aquellos años y que le llevaban a decir que “si yo les di algo, su gente me dio mucho más”.
Pedro Fuertes le dedicará estos versos a su querido barrio:
“Es aire, Pedro Hidalgo,
es luz precisa que brilla tan despacio en la ladera,
es Dios que se hace amigo y es ternura”.
Pedro Fuertes, siguiendo el ejemplo del Padre Claret, tuvo la capacidad de acoger mostrándose siempre dispuesto -y encantado- de acompañar a los felices novios cuando querían celebrar su matrimonio o a los compungidos deudos cuando había que despedir a sus seres queridos. Sus elaboradas y emocionadas homilías reflejaban a un excelente orador, pero sobre todo, a un misionero que ofrecía un verdadero testimonio.
Enamorado de Gran Canaria, siempre estuvo “en camino” para todos los que acudieran a él, ya fueran parroquias o vecinos del lugar, dejando infinidad de amigos por toda la geografía insular (Teror, Bañaderos, Guía, Firgas, Fontanales, etc.). Para los de ese municipio de Moya, realizó estos versos:
“Amigos de diciembre, siempre amigos, las manos, las palabras y el latido del viento en Fontanales, recibido con los ojos del alma. Aquí contigo”
Publicó un libro titulado “Casi Canto”, conjunto de poemas religiosos y de amistad en el que se entrelazan “amor y dolor al mismo tiempo, porque estos dos sentimientos están unidos en la vida”. El amor y el dolor unidos en el misterio fue otra de las emociones que acompañó al Padre Pedro: “Misterio y razón son dos grandes conceptos que dan sentido a mi vida”.
La elección del título de la obra no fue casual; es la viva imagen de lo que fue su vida y su ejemplo misionero. El casi refleja que siempre falta algo, que siempre estamos en camino, que nunca somos del todo y canto es la plenitud. La vertiente humana y espiritual siempre presente cuando se sienta a escribir y cuando “sale a caminar”.
Otro libro de poemas, no publicado, lleva por título “Etapas interiores del hombre”, que estructura en tres apartados, de quince poemas cada uno, que versan sobre el hombre que no cree en nada ni en nadie, el hombre que cree en el amor humano, y el que cree en Dios que es el hombre pleno. Siempre nos dijo que “las tengo por ahí, no sé dónde ni cómo”.
El Padre Pedro gustaba decir que en sus poemas quería “dar lo que he vivido: amor, dolor, esperanza, alegría… Poner mi vida al descubierto. En mi vida es importante dejar huellas, nunca cicatrices”.
Aunque se encuentran dispersas, compuso centenares de “nonadas”, especies de greguerías, en el que vierte sentimientos y desahogos en tres o cuatro versos.
“Creía que estaba solo
sin luz, sin luna… sin nada…
Pero apareció Todo”
Otra obra, igualmente sin publicar, lleva por título “Cincuenta cuentos y un epílogo”, relatos cortos con una moraleja religiosa o humana.
El Padre Pedro también dejó escritas sus memorias, aún inéditas, tituladas “Memorias desmemoriadas de un cura casi normal”.
La práctica totalidad de su obra literaria permanece sin publicarse y es que siempre tuvo miedo a exponer sus sentimientos en público, porque “me ha faltado valor para darlos a conocer. He tenido una cierta pereza interior y exterior”.
El Padre Pedro Fuertes echó raíces en nuestra tierra, y al igual que Claret, se ganó la admiración y el cariño de todos los que le conocieron y trataron, no dudando en afirmar que él era un “grancanario de León”.
En el 2005 fue nombrado Hijo adoptivo de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria a la que el Padre Pedro entrego´ su vida y a la que se sintió plenamente acogido hasta manifestar “que en esta tierra aprendí la virtud de la cercanía como virtud esencial: en mi vida y en mi vocación. Y con esta cercanía me he encontrado con Dios, pero sin olvidarme de los hombres”.
Haciendo un giro de una expresión de nuestro autor, podemos afirmar que en Gran Canaria “se juntaron dos niños, los canarios y Pedro Fuertes”. Nuestro Padre Pedro, a lo largo de su vida repartió graciosas travesuras, sonrisas, abrazos y amor.
“Gracias te doy, Dios mío por la alegría que llena mi corazón y mi pena,
mi sangre y mi desvarío”
(P. Fuertes, “Gracias te doy Dios mío”)
Falleció, “cambió de territorio” diría él, en Las Palmas de Gran Canaria el 14 de octubre de 2022, siendo sus exequias fúnebres una emocionante y multitudinaria demostración de la enorme huella dejada por nuestro entrañable Padre Pedro que, ya en sus momentos finales manifestaba haber disfrutado de “noventa años sin desengaños”.
“Te busco como un río, como un río asomado a la mar en que navego.
Señor, soy Tuyo. Tuyo”
(P. Fuertes “Pedro y Hombre”)
San Juan de la Cruz nos advierte que “en el atardecer de la vida, seremos juzgados en el amor” y el Padre Pedro Fuertes además de recitar tan hermosas palabras en infinidad de ocasiones, ejemplifico´ con su testimonio que estamos en el mundo para amar y que en la medida en que ma´s amemos seremos también más felices.
«Os digo que la vida es tan sencilla que a veces canto, lloro y grito, pero
qué gano con clamar si siempre encuentro
que Dios anda por medio y es el Centro de dos riberas juntas, las que brillan
y esculpen la palabra “AMOR ENTERO”» (P. Fuertes “Amor entero”)
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