DESPEJADO (Manuel Concepción Pérez)
Despejado está el cielo de la luna de otoño,
que llena se desliza entre nubes carnosas.
Despejado está el mar, la arena despejada,
peinada por la brisa en la tarde de azul.
Despejado quisiera estar para escribirte
cómo aúllo a esta luna que resbala a mis manos.
Quise alcanzarla, sí, y arañé mis entrañas.
Me sumerjo en el río que lava los pecados,
la corriente me arrastra al lago de la vida
para inventarme puro y doblar la rodilla,
y postrarme a tu puerta sin que sufra mi alma,
sin dañar a la tuya, que reina inmaculada.
Despejado despejo las dudas que me invaden,
las dudas que no tengo, las dudas que perdí,
las dudas de la duda, de la certeza incierta,
de la esperanza muerta, de la fe en el ayer.
Despejado me aturdo. Despejado vacilo.