LUIS NATERA MAYOR

Obras musicadas

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AQUÍ, ALLÍ (Luis Natera)

 

Aquí para seguir contigo y saber que me miras, 

que soy el lugar donde me ubicas, que existo desde ti.

 

En la nube para implorarte, en el aire para decirte,

en la trastienda del día para pasar inadvertido,

 en la arena de mi playa para que me unas a tu sol.

 

Allí para no estar, para que al morir me ate a tu ausencia,

para que borrado el día converjas en el mar conmigo.

En la postmuerte para escuchar el canto desde lejos.

AUNQUE TE HAYAN ROBADO EL ÚTLTIMO BESO (Luis Natera)

AGRIMENSORES DE LA BRUMA Recetario para un Náufrago página 61

 

 

Aunque te hayan robado el último beso el primer amor

o las cálidas brasas que solían resguardarte del invierno.

Aunque estés de espaldas a la luz y nada puedas hacer 

 para evitar el derrumbe de las calles y los atrios de tu ciudad

o el incendio de tu casa.

                                                                              

Aunque te hayas olvidado de tus ojos

 y te impida la niebla seguir el curso de los días 

por la vereda correcta.

 

Ten confianza, ten confianza en tus piernas   

o en lo que quede de tu cuerpo 

que seguirás adelante

Y EL CAMINO SIEMPRE… (Luis Natera) A Manuel Mayor

... Y el camino siempre fue
robusteciendo tu esqueleto.
Tu apellido Mayor,
moldeando las piedras,
fue dejando su sangre
en aulas variopintas
y en una descendencia
de hijas y nietos escogidos.

 

… Y andando, andando
la ruta florecida
te ha hecho convivir con contratiempos
en los últimos días,
que has sabido esquivar
con buena letra,
como sin duda alguna se esperaba
del perfil impecable de tu nombre.

 

… Y el camino prosigue
y ya de nuevo vuelves
a las abiertas puertas de tu casa.

Las primaveras pasan, como tú, 
sin el mínimo ruido,
rebasan sinsabores y quebradas
pero al cabo deciden florecer
y así esta vez aunque estrenemos diciembre justo hoy,
sin un copo de nieve.

 

Que el camino prosiga y las huellas queden, 
 para los que te han visto de lejos o de cerca,
 deambular por la vida.

EN EL REVUELO DE LAS SOMBRAS (Luis Natera)

 

En el revuelo de las sombras
la paradoja me estremece
y me sangran las palmas de las manos
de estupor y de frío.

 

Acaso pude hacer con tus cristales
una rama de vidrio
para colgar el sueño de algún nido
donde tú pudieras cobijarte.

 

Acaso mis desplantes arrasaron
la luz posible de tus ojos idos
y sembraron de noches y de pozos
los surcos incoloros de tu pena.

 

Acaso no fui el padre programado
para librar tu vida sin aliento
de una injusta condena.

 

Acaso no sabes de mi nombre
y me empujas al cauce de tu río
porque intuyes que he sido
el único culpable de todos tus desgarros.

 

En el revuelo de las sombras
la paradoja me estremece
y me sangran las palmas de las manos de estupor y de frío

HIJOS (Luis Natera)

Sentiros respirar es un alivio.
Que nunca os falte el aire,
que la lluvia os empape,
que la herida cierre,
que el sol derrame su calor sobre vosotros.
Y logren vuestros ojos
avistar arcoíris y pactar con ellos.

 

Sentiros respirar es un alivio. 
Que vuestra libertad y la mía
sea la sangre del día,
sea el olor a café
y el canto de la novia que os espera.

 

Que cualquier infortunio 
divise como el náufrago su orilla
 y podáis recobrar la costa
con sus extensas playas y sus islas.

 

Sentiros respirar es un alivio. 
No os engañéis en adelante.
Que no es el ruiseñor al que escucháis,
es la alondra la que canta,
la que os anuncia el día.

HOY PIDO AL TARAHAL (Luis Natera)

Hoy pido al tarahal que me dé sombra,
que no me deje ver más que sus ramas,
que pueda con mi mano
hacer arder el aire.

 

Hoy quiero que el sonido del mar no me reciba. 
Estoy ausente y solo,
como una hoja apenas
sin fronteras posibles.

 

Ocupo menos hueco que un susurro, 
menos que el grano negro
de mi playa robada.

 

La sangre ya no es mía, 
mi cuerpo se ha vaciado
y no me tengo.

 

Hoy pido al tarahal que me de sombra 
y a la  noche que huye,
que no me olvide.

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA (Luis Natera)

 

Esta ciudad sin hacer es mi doncella. 
La amo como a un perfil sin rostro.
Las estaciones emigraron de su cuerpo
y maquillaron con polvo su sonrisa
de hembra desaliñada,
que  sangra en la ladera.

 

Volverán los otoños
a coronar de pámpanos su pelo
y los suaves inviernos
a acariciar su talle.

 

Esta doncella me dio nombre 
cuando di de beber
agua a los pájaros
y alboroté las azoteas.

 

Me congratula ser nadie a su sombra, 
verano en sus caderas,
primavera en sus ojos.

 

Esta ciudad es un deseo 
que mira siempre al mar.

NO ME ESCONDAS (Luis Natera)

 

No me escondas la huella de una risa
aunque todo se hunda
y finalice, entre las hojas.
Deja que se eternice
este otoño mecido por la brisa.

 

Que yo quiero contigo ver la tarde 
y la aurora después y luego el cielo.
Bríndame tu rubor tras el pañuelo
que pretende cubrir la flor que arde.

 

Concédeme tu pie por la vereda 
y el aire estremecido de tu paso.
Concédeme llevarte a la arboleda
y saludar al sol en pleno ocaso.
Mira mi mano cómo desenreda
este nudo de amor largo y escaso.

OTRO DÍA SIN TI (Luis Natera)

 

Otro día sin ti sosteniendo la noche

 con el rostro mojado y la tristeza desatada de súbito.

Otro día en el mar que me negó el acoso de las olas

cuando más deseaba naufragar en la espuma.

 

Otro día sin límites en el ocaso bronco de las gaviotas ágiles de antaño.

Otro día soñando en el hechizo del azar de tus olas

buscando el pan del beso acercándome vana, inútilmente

a la orilla encantada de un otoño que escribe en cada hoja

mi soledad sin ti.

RECUENTO   (Luis Natera)

 

No solo el mar nos atraviesa el alma

con su eterno rumor entrecortado,

sino el fragor del monte iluminado

y el aire limpio de la noche en calma.

 

No solo el sol, la lluvia o la tormenta

condicionan la vida de los hombres,

también el árbol, los hijos y los nombres

de un lugar o de un fruto rinden cuenta

de cuanto al cabo un corazón suscribe.

 

Por eso sé que nada he olvidado,

que no queda al azar lo recibido,

que el que recuenta al fin también recibe,

aunque se sienta solo y naufragado,

una parte esencial de lo vivido.

SALINETAS (Luis Natera)

Lo mismo que los ojos y las manos
forman parte del cuerpo y van con él,
lo mismo que el pintor usa pincel
y proyectan sus sombras los humanos,
en el largo camino del temblor
lo mismo digo que la noche es fría,
es oscura esta arena y es tan mía,
como los arrebatos del amor.

 

Esta playa posee mi propia luna, 
cada ola es mi vida
y cada tarde
cobijo de mi piel y mi fortuna.

 

Y así ha de ser, 
sin que haga de ello alarde,
porque es para el bebé siempre la cuna
y para el hombre entero el mar que arde.

SESENTA OTOÑOS (Luis Natera)

Sesenta otoños con hojas caídas,
con naranjas y amarillos vivos,
unas veces de oro, otras esquivos
como el agua del tiempo y sus heridas.

 

He logrado plantar algunos besos,
algún árbol de más y conocer la lluvia.
He vislumbrado a Dios en una alubia
y untado vino al pan.

Con estos huesos que aún arrastro sin mucha dignidad
he movido mi frágil esqueleto
procurando acercarlo a la verdad.

 

Quizá me falte un libro muy discreto,
que pienso redactar con seriedad.
Leedlo si lo acabo, con respeto

SIÉNTATE MADRE AQUÍ (Luis Natera)

Siéntate madre aquí,
siéntate tierra,
oye el río que reza
su liturgia de agua.

 

Toca los manantiales con tus dedos. 
Siéntate árbol, en el caballo del día
y deja que galopen tus ramas
cielo arriba.

 

Siéntate madre aquí, 
y cóseme la boca con el aire.
Cuéntame madre,
de qué sol vienes,
hacia qué armonías te diriges
que te llevas la música.

 

Siéntate madre aquí 
y humedece la tierra.

TE DEBO UNA PALABRA (Luis Natera)

 

Te debo una palabra donde quepa mi sangre  

donde quepa el temblor que me sostiene en aparente calma.

Te debo el pan robado a tu hambre de siglos 

a tus hornos cerrados a la labor del día.

 

Aquí tienes la luna, la luna que te falta

y todos los geranios de mis jardines rotos.

Te debo más que el agua reclusa en una lágrima 

y más que las mareas de todas mis tristezas.

 

Acepta cuando menos la corona de espinas 

de mi cuerpo sin habla acepta cuando menos.

Lo doy todo por dicho no me queda siquiera 

no me queda siquiera la última palabra.

TELDE (Luis Natera)

 

Hay cuatro puertas abiertas para entrar

y una acequia de plata reluciente

 

No sé de qué estrecheces se quejaban

los que embarcaron en el mar tenebroso.

Si aquí todo es abierto,

desde la araucaria grande

del patio de las monjas

hasta el sol de agosto

sobre la alameda.

 

No sé quien desconoce

los vigilantes ojos de tu puente

la mar pequeña que juega en tus orillas

o las cuatro esquinas

que frecuentaron los poetas.

VIOLINES: AUSENCIA  (Luis Natera)

 

Lejos del mar me siento sin tu brisa en el rostro, 

sin la gloria salada de tu cuerpo

abriéndome los ojos a la espuma del mundo.

 

Lejos de ti me pierdo en la hojarasca, 

del otoño más triste 

y me busco en las alas del silencio para huir del hastío.

 

Lejos de ti no hay lunas coronando la noche, 

se estremece la sombra en la distancia

y azota el corazón un látigo de frío,

lejos de ti no hay lunas.

 

Lejos de ti dominan otras horas, el murmullo del tiempo,

otros relojes toman el pulso de la arena,

y son otros violines los que suenan por dentro.

 

Lejos del mar me siento, sin tu brisa en el rostro,

lejos de ti me pierdo en la hojarasca, del otoño más triste.

Lejos de ti no hay lunas, coronando la noche.

 

Lejos de ti dominan otras horas el murmullo del tiempo.

Otros relojes toman el pulso de la arena.

Y son otros violines los que suenan por dentro.

PENUMBRA Y AIRE (Luis Natera - Elsa López)

 

Cuando el cansancio es grande y tiene forma oblicua

se sienta en el corazón más tibio de la casa

y reconstruye el mapa completo de la isla.

El reborde de espuma rizado de gaviotas.

 

Los volcanes al sur, al norte los barrancos.

La palma de su mano abierta bajo el cielo en forma de caldera.

Caminas y solo el silencio late en las veredas.

Solo el volcán escucha y calla receloso.

 

La tarde tapa su boca, nadie puede asustarte,

a ti que caminas sobre la grava fiel al aire entre retamas.

Las nubes esmaltadas al viento, los muros de la casa

y la abuela sentada en el sillón de mimbre, 

viendo morir los barcos encima del estanque.

 

En ese itinerario de océanos amargos, 

el llanto se repliega de nuevo en lo más hondo

al contemplar sin ruido el paso de las aves.

¿Por qué se filtraron de luz las telarañas y le hirieron de pájaros las manos?

Biografía

 

   

 

Luis Natera Mayor. Nace en Las Palmas de Gran Canaria en 1950 y muere el 15 de enero de 2013 en Las Palmas de Gran Canaria. Desarrolla gran parte de su actividad literaria en Telde, por lo que a su fallecimiento se le nombró Hijo Adoptivo de esta Ciudad.  Licenciado en Filosofía y Letras, Sección de Filología Moderna, por la Universidad de Salamanca. Ejerció como Catedrático de Francés en Gran Canaria en varios centros educativos como el IES Tomás Morales, IES de Santa María de Guía, IES Pérez Parrilla, en el Centro de Adultos CEAD… también fue profesor de español en el Liceo Louis-le-Grand de París.

 

Dirigió en Telde la revista cultural Cendro y colaboró en la Doxa. Publicó varios poemarios: Llenaré de lunas tu equipaje, Únicamente el alba, Conversaciones con mi hijo, Puerto de silencio, Agrimensores de la bruma, Memoria del dolor, Las horas del Ángel, El lugar del náufrago (primera parte del libro Náufrago, muerto).

 

Fue premio de poesía del Gabinete Literario de Las Palmas en 1993, así como del Tomás Morales en 1994, y del San Lesmes (Burgos) en 1993, así como accésit y finalista en otros concursos.

 

Participó en tertulias literarias y en recitales poéticos tanto nacionales como internacionales, siendo muy alabada su magnífica manera de declamar (pausada, con voz profundísima y registros expresivos).